
En un contexto marcado por la descarbonización y el crecimiento acelerado de las energías renovables, los sistemas eléctricos enfrentan un nuevo desafío: ya no basta con gestionar la generación, también es necesario gestionar el consumo.
Aunque no es un concepto reciente, la flexibilidad de la demanda ha tomado impulso en los últimos 15–20 años y hoy se perfila como un activo estratégico clave para la transición hacia sistemas eléctricos descarbonizados y más eficientes.
De hecho, según un artículo publicado por McKinsey en 2025, se estima que Europa podría necesitar un 75% más de flexibilidad para 2030, lo que abre la puerta a oportunidades significativas en la región.
La pregunta aquí no es si las empresas participarán en este proceso, sino el coste de oportunidad que dejarán en el tintero si no lo hacen.

¿Por qué hablamos de un activo estratégico?
La flexibilidad de la demanda es la capacidad de los consumidores de modular su consumo eléctrico en respuesta a señales de mercado o condiciones técnicas de la red, evitando activar unidades de generación adicional menos eficientes y más costosas.
Esa modulación puede implicar reducir, retrasar o incluso incrementar consumo en momentos específicos, alineándolo con la disponibilidad renovable o con precios de mercado más favorables.
En cualquiera de los casos, si el consumidor tiene las herramientas necesarias, y plantea una estrategia clara, encontrará en la demanda flexible una potencial fuente de ingresos y mejora de la competitividad.
Cambio de paradigma empresarial
Capturar este valor agregado implica un cambio de paradigma dentro de las empresas: la energía debe dejar de gestionarse como un coste fijo, debe gestionarse como un activo estratégico capaz de generar ingresos y fortalecer la resiliencia de los procesos.
Participar en mercados de flexibilidad implica:
- INVERSIÓN en herramientas digitales, sistemas de control y de monitorización.
- ESTUDIO y OPTIMIZACIÓN de los procesos.
- IMPLICACIONES REGULATORIAS.
- REESTRUCTURACIÓN y COORDINACIÓN de los diferentes departamentos.
- DISEÑO de una estrategia y control de objetivos.
No es un camino fácil, pero está claro que quienes se adelanten y sean capaces de adaptarse y transformar la manera en la que gestionan su energía, obtendrán una mayor ventaja competitiva en este nuevo escenario.
Mercados donde se materializa la flexibilidad
La flexibilidad se convierte en valor a través de mercados eléctricos concretos que pueden agruparse en tres grandes categorías:
- Mercados de balance: estabilidad en tiempo real
Gestionados por el operador del sistema, buscan mantener un equilibrio instantáneo entre oferta y demanda y así garantizar una frecuencia constante.
Para participar en estos mercados es necesario tener habilitación técnica (telemedida, capacidad de respuesta rápida, potencia mínima disponible) y el cliente es remunerado por brindar un servicio técnico al sistema.
- Mercados energéticos: optimización económica
Van más allá de la parte técnica y buscan la optimización económica en la factura.
Mercado diario (Day-ahead), que, en el caso de la península ibérica, es operado por OMIE.
Mercado intradiario (Intra-day), que permite ajustar posiciones tras el cierre del mercado diario.
En estos mercados el cliente participa como agente de mercado o a través de un representante. La participación se reduce a un ajuste de previsiones y desplazamientos de consumo hacia horarios más económicos o fuera de las horas de precio pico. La remuneración aquí es indirecta, ya que no existe como tal, sino que el impacto se ve directamente en la factura final.
- Mecanismos de capacidad y congestión: seguridad estructural
Estos mercados buscan remunerar la disponibilidad a futuro o la gestión de restricciones localizadas.
Mercados de capacidad, donde el operador del sistema paga por disponibilidad para reducir consumo en momentos críticos.
Servicios de gestión de congestiones, donde se busca flexibilidad localizada para evitar sobrecargas en determinadas zonas de la red.
Aquí el cliente es remunerado por brindar servicios que refuerzan la resiliencia estructural de la red y la seguridad energética.
Respuesta de la demanda como opción atractiva
La respuesta de la demanda se presenta a las empresas como una opción especialmente atractiva. Es una solución asequible y fiable que puede integrarse directamente en las decisiones de producción y consumo. Además, combina varias ventajas:
- Protección frente a la volatilidad de precios: reduce la exposición a picos de mercado.
- Rápida escalabilidad: se puede implementar con mínima disrupción operativa.
- Bajo requerimiento de capital: no necesita grandes infraestructuras como baterías.
- Impacto económico tangible: actualmente representa +/-10 % del suministro de flexibilidad en algunos países, y se espera que se duplique para 2030.
En España, este servicio se brinda a través del SRAD (Servicio de Respuesta Activa de la Demanda) y es hoy por hoy, el instrumento más claro y directo de participación en la demanda para las empresas.
SRAD en España
El SRAD esta gestionado en España por Red Eléctrica y le permite, en su papel de operador de sistema, solicitar a grandes consumidores una reducción temporal y programada de su demanda energética, a cambio de una compensación económica.
En 2025, por ejemplo, las empresas participantes de este mecanismo pudieron recibir hasta 246.000 € anuales en concepto de retribución por cada 1 MW de potencia comprometida.

Las empresas participan a través de un mecanismo competitivo de subastas en el que los participantes presentan sus ofertas y REE selecciona aquellas que sean más eficientes para el sistema.
En este proceso, los participantes se comprometen a reducir una determinada cantidad de su consumo eléctrico (potencia activa) cuando REE lo solicite. La activación del servicio debe ser rápida, con un tiempo de respuesta inferior o igual a 15 minutos desde que se requiere la activación y por un máximo de tres horas.
Los beneficiarios asignados reciben una retribución por la disponibilidad de reducir su demanda (una suma fija por disponibilidad) y un adicional por cada oportunidad en la que se requiera la activación del servicio.
Este año, REE contará con un total de 1.725 MW de potencia aportar una mayor flexibilidad a la operación a través del SRAD. Este volumen significa un incremento del 50 % respecto a la potencia disponible en 2025.
Desafíos y barreras de cara al futuro
Esta claro hacia dónde vamos en materia de estrategias de gestión energética. Sin embargo, el camino no está exento de retos. La falta de un marco regulatorio claro y señales de precios estables en los mercados conforman uno de los principales desafíos a futuro. Además, la necesidad de inversiones en tecnologías de automatización y control y la integración de los actores participantes en el mercado, siguen siendo una incógnita en este proceso, que tarde o temprano deberá ser resuelta.
La reciente aprobación del reglamento general de suministro, comercialización y agregación de energía eléctrica en España el pasado martes representa un gran avance en materia regulatoria. En este paquete de anuncios, destaca la definición jurídica del rol de agregador independiente, donde se establecen sus derechos, obligaciones y requisitos operativos, en términos muy similares a las comercializadoras.
Estas figuras podrán agrupar consumos o energía generada por consumidores, productores o sistemas de almacenamiento para comprar o vender en los mercados eléctricos, especialmente en los mercados de balance, ofreciendo servicios de gestión activa de la demanda. Por su lado el consumidor tendrá la posibilidad de contratar libremente a un agregador para optimizar su demanda eléctrica, y podrá obtener ahorros en la facturación, sin que ello afecte a su contrato de suministro con la comercializadora.
Esta noticia reciente nos deja clara una sola cosa: La transición energética hacia sistemas descarbonizados no se alcanzará únicamente construyendo más capacidad e infraestructura renovable. El verdadero cambio estructural se dará cuando el sistema evolucione, deje de ser unidireccional y convierta al consumidor en un actor relevante del proceso.
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