España afronta como todos los países un camino hacia la transición energética, impulsada por acuerdos globales como el acuerdo de París 2015 y hojas de ruta europeas que se trasponen a la hoja de ruta nacional plasmada en el PNIEC (PNIEC…2.0). Las tecnologías de generación fósil están siendo remplazadas, como el carbón, y se fijan objetivos para reducir paulatinamente aquellas que emiten CO2. En algunos países, como en España, también se ha fijado una hoja de ruta para las centrales nucleares, porque si bien no entra dentro de las emisoras de gases de efecto invernadero, sí genera residuos radioactivos de difícil gestión. 

Actualmente, el parque nuclear español se compone de 5 centrales nucleares repartidas por el territorio español, de las cuales dos de ellas disponen de dos reactores cada una, Almaraz y Ascó. Por tanto, el mix energético español cuenta con 7 reactores con una potencia eléctrica instalada de 7.398,77 MW. En el PNIEC 2021-2030 se detalla un calendario de cierre de todos los reactores entre los años 2027 y 2035:

 

Imagen 1: Situación geográfica de las centrales nucleares en España

Fuente: Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico

Aportación actual al mix energético

Hemos visto que la nuclear aporta al sistema eléctrico 7,4 GW de potencia estable, más allá de paros programados por recarga de combustibles o puntuales paros por emergencia. Esta generación estable abarca prácticamente el 90% de las horas del año, y representa el 20% de la electricidad consumida, con una generación de 54.276 GWh en 2023, siendo un 5,71% de la potencia total instalada. La reducción de emisiones de CO2 que representa son de aproximadamente 20 millones de toneladas al año.

Imagen 2: Generación por tecnologías en 2023

Fuente: Red Eléctrica

Sin duda estos números por si solos aportarían una visión a favor de alargar la vida útil de los reactores, ya que sustentan los tres pilares de un sistema eléctrico: seguridad de suministro estable, precio competitivo en el mercado mayorista e independencia energética.

Pero ello no fue suficiente para que el Gobierno sentenciara las nucleares en el PNIEC, apostando por energías renovables y pesando en contra de las nucleares las dudas sobre su seguridad, puesta en duda en casos conocidos como Chernobyl en 1986, Fukushima en 2011 y riesgos por el conflicto bélico en la central de Zaporiyia que volvió a poner encima de la mesa el debate sobre el riesgo de las nucleares. Si le sumamos la difícil gestión de los residuos radioactivos, el acercamiento del fin de la vida útil de 40 años de los reactores y la constante presión social de una parte de la sociedad civil, sentenció la nuclear en España, como también lo ha hecho en Alemania.

Aunque siempre está en el hilo una última vida a la nuclear ya que actualmente está en ebullición la enésima batalla entre el Gobierno y el lobby nuclear, compuesto por las grandes eléctricas del país, propietarias de las centrales nucleares.  En el cierre pactado, el protocolo recogía un incremento de la vida útil de los reactores hasta una media de 46 años, a cambio de incrementar la tasa que los titulares de las centrales deben pagar por la gestión de los residuos radioactivos a la empresa pública encargada Enresa (la denominada Tasa Enresa) hasta los 7,98 €/MWh. La reciente revisión por parte del Gobierno de elevar la Tasa Enresa en más del 40%, hasta los 11,14 €/MWh, ha puesto en pie de guerra a los afectados. Este incremento hace encarecer la operativa de las centrales, e incluso amenaza los cierres programados. Por ejemplo, en Trillo, que será una de las últimas en cerrar, en 2035, este incremento le supondrá un gran impacto para sus últimos 10 años de funcionamiento, lo que podría llevar a los titulares decidir adelantar el cierre, aduciendo que este incremento de la tasa no estaba previsto y por tanto alterar los planes de transición energética previstos. Y esta negociación puede alterar también a la primera en cerrar, Almaraz I, cuyo cierre está programado para octubre-noviembre de 2027. Esta fecha implica que la gestión del cierre que ha de tramitar el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) en noviembre de este año, pueda verse afectado por la negociación que están llevando a cabo Gobierno y eléctricas.

Futuro sin nuclear

Como toda temática, el dilema nuclear no se escapa de la polarización de la sociedad. Sectores ecologistas llevan años denunciando los riesgos de la nuclear, otros defienden que aportan conocimiento en tecnología y puestos cualificados, argumentando que otros países como Francia apuestan por la energía nuclear. Incluso en política ha sido motivo de debate, entre partidos que defienden prorrogar la vida útil de la nuclear y los que defienden seguir con su cierre.
Si todo sigue según lo previsto, y no se cambia la hoja de ruta, en una década tendremos que sustituir el 20% actual del consumo que aporta la nuclear. Esta hoja de ruta apuesta por la implantación de más renovable, medidas de eficiencia energética y reducción del consumo. Pero la apuesta por más eólica, más fotovoltaica, y otras renovables, debe dar solución a la mayor problemática de estas tecnologías, la estabilidad de la generación. Y por ello es imperativo apostar por el almacenamiento mediante baterías, y seguir avanzando en tecnologías como el hidrógeno verde, o esa tecnología que hace años va avanzando en la sombra, la fusión nuclear. 

Aleix Pujols | Operations Head

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